Mi “Sol” preferido, nos regala un abrazo que publicaron en una “muralla“:

Lo más preciado que podemos donar es nuestro contacto.
Dejar que sea nuestra propia piel la que conozca y transmita…Una cooperante que despide a unos refugiados que son enviados a la Peninsula.
Les da el abrazo verdadero de alguien que conoce, ayuda y acompaña.
Despide y, en su despedida, parece dejar sobre el hombro amigo un conjuro bienhechor de felicidad y suerte, de amor y hermandad.
Ella ha entendido que no sólo de pan vive el hombre.
También necesita de la ternura.