Hace unas semanas que pasé por un momento muy delicado, en el cual me vi invadido por la soledad más cruel y despiadada. Ahíto de gritar ayuda a los cuatro vientos, tan sólo recibía consejos que no necesitaba de gente que no me cogía el teléfono cuando acudía a ellos, apologistas de la amistad que me decían que no estaba tan mal. Necesitaba en aquellos momentos de soledad un abrazo, una sonrisa, un café compartido, pero absolutamente nadie quiso estar a mi lado en aquellos instantes en los cuales no estaba bien. Me hizo reflexionar sobre las redes sociales y el aislamiento. Eran y son gentes que veo a diario en mi messenger, feisbuk u otras tonterías varias que no hacen sino aislarnos. Entonces me pregunté dónde quedaba el calor humano, dónde estaban esos amigos y amigas que decían serlo, pero que carecían de tiempo o interés por apoyarme como yo necesitaba, no como decían que yo podía necesitar.Sí, mucha red social, mucho contacto por Internet, pero faltaba calor humano, la presencia, ese momento que sólo puede ser narrado cuando dos personas están cara a cara. Lo pasé muy mal, querido lector, querida lectora, y ahora me repongo poco a poco, mas esa necesidad de calor humano sigue ahí, porque el ser humano necesita de la interaccion real, no de la virtual. No dejes nunca que la gente deje de abrazarse. Necesitamos humanidad, no contactos o abrazos virtuales, si estamos al lado de las personas.
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